La vida después de cierta edad puede volverse rutinaria para algunos, incluso existen mujeres que pasan tanto tiempo cuidando de los demás que, sin notarlo ni un poco, dejan de preguntarse por sus propias necesidades. Durante muchos años escuchan, acompañan y resuelven, así como priorizan a sus hijos, a su pareja o a su familia, hasta que un día aparece una sensación difícil de ignorar: la de tener una total desconexión con una misma.

Lo anterior no ocurre de golpe, sino que poco a poco, las decisiones empiezan a girar alrededor de otros, de lo que ellos necesitan o esperan. Mientras que al mismo tiempo se espera mantener la armonía y evitar conflictos, su propia voz queda en segundo plano.
Entre las señales más comunes que existen en este proceso, está la dificultad para decir “no” sin sentir culpa, tomar decisiones pensando siempre en los otros o sentir que ya no saben realmente que es lo que quieren. También puede aparecer un cansancio emocional, frustración o una sensación constante de estar viviendo por y para los demás.
La psicología explica que adaptarse demasiado a las necesidades ajenas puede hacer que una persona se desconecte de sus emociones, deseos y hasta sus límites. Muchas veces esto puede ocurrir en personas acostumbradas a cuidar, complacer o buscar aprobación, hasta el punto de olvidar sus propias necesidades.

Reconectar con una misma no significa dejar de cuidar de los demás, pero es necesario aprender a incluirse dentro de ese cuidado. Escucharse, poner límites y volver a preguntarse ¿Qué es lo que yo quiero? Puede ser un gran inicio para poder recuperar parte de la identidad que se había quedado olvidada.
Fuentes: