El tema de la crianza respetuosa está muy de moda en redes, pero se suele creer que trata sólo de dejar que los niños hagan lo que se les dé la gana, cuando en realidad lo que más se requiere es la presencia de los padres, ocuparse, acompañar y poner atención a los más pequeños. En otras palabras, se trata de un estilo de educación basada en la igualdad entre padres e hijos.
Así que si te interesa saber más sobre este popular modelo de crianza quédate hasta el término de la nota, te estableceré algunos consejos que te guiarán a entender este tipo de crianza.
Y bueno, quizá te preguntes: “¿Qué diferencia hay entre una crianza tradicional, a los principios que propone la crianza respetuosa? Si se supone que el respeto y el amor deben estar latentes en la educación de nuestros hijos”. Pues, sí, parece lógico, pero muchas de las costumbres sociales no corresponden con la idea de criar desde la igualdad.
Para entender esta posición te hablaré un poco sobre los principios básicos que engloban esta postura.
Actualmente existen diversos métodos de crianza, pero parece ser que el más valorado es aquel que respeta la individualidad del pequeño. Recordarás que hace unas cuantas generaciones los padres recurrían a un montón de castigos, indulgencias, represiones y hasta humillaciones por los malos comportamientos de los chiquillos, fomentando la idea de que entre más sanciones mejor comportamiento tendría el pequeño.
Y no, parece que lo correcto no era eso.
Por esa razón surgió la educación positiva, en la que los adultos se muestran más responsables y con las herramientas imprescindibles para educar a sus hijos sin necesidad de gritar, pegar ni nada negativo, sólo entender los motivos y razones que le han llevado a actuar caprichosamente al niño.
Aquí es donde comienza a aparecer la permisividad como base de la educación. No dándole todo lo que pida en el momento que lo solicite, sino entender sus necesidades tanto emocionales como afectivas, para que el peque pueda desenvolverse con seguridad y confianza.
Por ejemplo, en una situación convencional a la hora de comer, si le pones el platillo a tu hijo y le dices que no se levante hasta que se haya terminado todo, seguramente habrá un poco de enfado por su parte. Por el contrario, en una situación idónea podrías comenzar por preguntarle qué le gustaría comer, qué sabores prefiere, es decir, llegar a acuerdos mediantes sus necesidades y tus posibilidades.
Fuentes: https://bebloomers.com/nosotras/maternidad-y-crianza/crianza-respetuosa/